jueves, 22 de diciembre de 2011

La Reina Biscuit

Me vais a disculpar, pero he de decir que este año me apetece muy poco celebrar la Navidad. Es más, creo que ni me apetece hacerlo y ya se lo he hecho notar a mi madre, la Reina Muffin: no he puesto los adornos en la casa, ni me he propuesto ponerlos; no he hablado de lo que quiero por Reyes, ni por Papá Noel, ni tan siquiera por mi cumpleaños, que es el día 3 de enero; ni siquiera he pedido dinero para ir a por los regalos de los demás, porque estamos en época de vacas flacas y los regalos los hacemos conjuntos mi hermana y yo, y he decidido delegarle toda la responsabilidad. 

No me apetece demasiado celebrar la Navidad este año, porque simplemente, no ha sido un buen año. Y no me valen las preguntas inquisidoras del estilo ''¿Y es que ahora en la facultad no estás bien y no te animas?'', porque a esas preguntas les responderé con un ''tres meses son sólo la cuarta parte de un año''. Claro que sí, que me lo he pasado muy bien estos últimos tres meses, pero como ya he dicho antes, no ha sido todo mi año y, sinceramente, el año 2011 ha sido una absoluta bazofia, una mierda del tamaño del cero que saqué en Física el año pasado (por primera vez en toda mi vida, aunque no cuente las setenta y cinco décimas que lo acompañaban). Es decir, un cero immenso (y sí, es intencionado).

Pero no voy a detallar punto por punto por qué 2011 fue tan mal año, ni tampoco por qué 2012 puede ser un año mejor, sino que simplemente quería usar todo este post, este enorme e incoherente post, para agradecer a una persona muy especial lo que lleva haciendo por mí estos últimos tres meses. Ya lo reventé por Twitter, pero bueno, no está de más recordar que esa persona es María Rodrigo, @merirodrii para los tuiteros, Meri para los amigos, y la Reina Biscuit para mí. 

Hay momentos en tu vida en los que te das cuenta que las apariencias engañan, las primeras impresiones sólo valen para hacerte tener una primera idea de una persona que, normalmente, suele estar equivocada y que el tiempo acaba poniendo las cosas en su lugar. Con María, la Reina Biscuit, me ha pasado. Y sé que suena estúpido que la llame así, así como que diga a una persona ''mona'' que para mí es un ''Muffin'', pero es que la gente no tiene por qué estar presente en mi mente, en mi cabeza demente y comprenderlo todo. En mi mente, todo es un tanto psicodélico y no queda otra que aceptarlo.

No sé si os ha pasado alguna vez, con un amigo, que simplemente necesitas estar en una terraza, sentados en un sofá, tomando un helado y una coca cola mientras habláis, y notas esa sensación de paz, de tranquilidad y de confianza. La sensación de hogar y de familia, de verdad, que no puedes tener con todo el mundo. Hubo quien en un primer momento nos confundió y pensó que éramos hermanos, y creo que nunca llegaremos al punto de llamarnos entre nosotros así, pero sí que reconoceré, siempre, que en ella he encontrado un alma que, si no gemela, al menos es melliza. Da consejos como nadie y es la primera que me da bofetones en la cara con la realidad cuando los necesito, como cuando me emborracho y me pongo plasta, o como cuando me estoy pasando de la raya. 

Pensé por un momento que había quien podría estar más cerca de mí que ella, pero en ese momento comencé a echarla de menos y, ahora que sé una milésima parte de lo que me puede aportar, estoy decidido a cuidar de ella como de la rosa más preciada. Son los pequeños detalles los que hacen que, aunque un año como este sea una mierda, al final, merezcan la pena. Ella no sabe lo agradecido que estoy a la aleatoriedad de la vida por ponerla a mi lado.

En otro orden de cosas, con esta entrada quería despedirme de vosotros y cerrar el blog por vacaciones, ya que han sido cuatro meses muy intensos con un blog que, aunque podría haber sido mucho mejor, no lo niego, ha crecido muy rápido. Pero 'La Casa del Árbol' cierra en Navidad y hasta mi cumpleaños no volverá a estar ocupada. Gracias a todos por gastar unos minutos de vuestra vida echándole un vistazo a todas las paridas chorradas e imbecilidades que he soltado durante este otoño y principio de Invierno. Como he dicho, volveré a principios de año con fuerzas renovadas, alguna que otra idea fuera de tiesto y algunos proyectos fuera del blog que os iré presentando aquí, que hay que promocionar el trabajo que entre el gran Carlos Frías (@carlitosfrias) y yo vamos a hacer desde principios de año. No puedo adelantar mucho más, pero seguro que os encanta. 

¡Os veo el 3 de Enero! ¡Feliz Navidad!
Os dejo con uno de mis últimos descubrimientos, ''The broken ones'', el nuevo single de Dia Frampton.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Billie Jean




...Mi madre me dijo 'Ten cuidado de a quién amas y de lo que haces,
porque al final, la mentira acaba siendo verdad'...





miércoles, 30 de noviembre de 2011

Inventing Shadows



...Y sigues ahí, inventando sombras donde no las hay.
Viendo únicamente el mundo en negro y gris, y yo sin poder comprender cómo vives así.
Sin gritar, morir o soñar...
...porque eres incapaz de ver el sol, ¿no puedes ver el sol? 
Y el sol es tu única verdad, que no quieres aceptar. 


lunes, 28 de noviembre de 2011

Caracola

Hoy os propongo un cuento de cosecha propia, escondido durante más de un año en un armario; un cuento un poco diferente; un cuento con un leve aroma a arena mojada, empapada por el agua salada de las olas que rompen contra ella en una mañana de verano; un cuento con final feliz, como todos, pero en el que la protagonista sufre un gran pesar... Bueno, quizás, en eso, no se diferencie demasiado de un cuento tradicional. 

No prometo que os pueda gustar, lo único que puedo prometer es que será ligero, lo más ligero posible, como una mousse.



Amanece en Perry Bay, un pequeño pueblo pesquero perdido en los albores de mi imaginación. Sus casas son pequeñas y blancas, con porches donde los ancianos desdentados tocan el ukelele mientras los niños cantan canciones transmitidas de generación en generación.  Los pescadores llevan jornadas perdidos en la mar y aún no han vuelto. Ariane es la hija de Bob, capitán de uno de los barcos.

Contempla desde la arena el horizonte sonrosado, intentando divisar algún fragmento de madera a lo lejos, una vela abierta, algún ruido, pero no hay ninguna señal de su padre. A su lado crepitan las llamas de una hoguera y roncan otros chicos de la bahía, anestesiados por el alcohol.

Su abuelo le había enseñado de pequeña que un borracho sólo sabe hacer dos cosas: vomitar mierda o vomitar su verdad. Ella era de las pocas que no habían probado gota aquella noche, y las lágrimas en sus ojos hacían evidente que, más allá de las manchas repulsivas en la arena de la playa, de las bocas de los muchachos había salido mucho más que mierda. 

Ariane lleva cinco años viviendo en Parry Bay. El año que viene se marchará a Port Velvetine a estudiar diseño y, después, su pretensión es irse a la capital del país, que no tiene nombre aún, a labrarse un nombre. Es decir, este será su sexto y último año.

Entre sus dedos gira una caracola vacía que lanza al mar, escuchando el borboteo del agua unido al rumor de la marejada. Se siente ultrajada después de todo lo que ha oído, la realidad le ha pasado por encima de la misma manera que la siguiente hora pasará por encima de la caracola, que ya va hundiéndose bajo capas de agua.

En su antigua ciudad, hubiese ido a discutir, pero parece distinta, Ariane ha cambiado. El aroma del mar penetra por sus orificios nasales, y observa al grupo de borrachos durmientes, tapados con toallas empapadas de su propia bazofia. No les odiaba, no podía odiarles. Era estúpido odiarles. No había acabado nunca de encajar y lo sabía, pero lo había intentando de todas las formas posibles. 

El abuelo, no obstante, llevaba razón y ella ya no puede hacer nada. No encaja porque es diferente. Hubiese sido más fácil ser un calco de las bronceadísimas chicas y de los deportistas chicos. Pero ella no es así.

Se sienta en la arena húmeda, a sabiendas que se manchará el trasero, pero le da absolutamente igual. Sabe que le quedan meses en Perry Bay y no va a transformarlos en sufrimiento. Es más, incluso baraja la posibilidad de arreglar alguna rencilla pendiente siempre y cuando, al intentarlo, la otra parte se interese.

Ariane no se llevará ningún amigo de Perry Bay a Port Velvetine con casi total probabilidad. Sin embargo, sí que se llevará una importante lección: todo pasa por algo, y si le han vomitado toda esa verdad, algo tendrá que hacer para arreglarlo. Así, ella puede que no sea feliz ahora, pero algún día podrá serlo.

La chica mira una última vez a aquella gente y sonríe amargamente. 
¿De qué sirve mantener enemistades que nunca serán nada más que algo contraproducente?

De nada.

martes, 22 de noviembre de 2011

Shelter




Me refugio en esta forma
Amparandome, ocultandome
¿Puedes oír cuando digo que
Nunca me he sentido de esta manera?

Tal vez dije algo mal
¿Puedo hacerlo mejor con las luces encendidas?
tal vez dije algo mal
¿Puedo hacerlo mejor con las luces encendidas?


¿Podría ser yo? Yo estaba allí
me sentía tan de cristal en el aire
Todavía me quiero ahogar cada vez que te vas
Por favor, enséñame a respirar suavemente

Y voy a cruzar los océanos como nunca antes

Para que sientas lo mismo que yo
Y te reflejaré imágenes de vuelta a ti
Así podras ver como me siento

Tal vez dije algo mal
¿Puedo hacerlo mejor con las luces encendidas?
tal vez dije algo mal
¿Puedo hacerlo mejor con las luces encendidas?

Tal vez dije algo mal
¿Puedo hacerlo mejor con las luces encendidas?



'Shelter'
-Birdy

viernes, 18 de noviembre de 2011

Circle the Drain




Pensar que eres una excepción y que, quizás, puedes volverte adicción para alguien. Pensar que puedes ser algo grandioso en la otra persona pero que, en el fondo, no eres más que pura basura.
Eso es lo que te hace gritar de agonía.





Te quedas dormido durante nuestros coqueteos en la cama
A causa de las píldoras que te tomas, las cuales son tu mayor fuerza
No estoy alrededor tuyo para simplemente ver que te deprimas
Quiero ser tu amante, no tu maldita madre
No puedo ser tu heroína, no tengo el poder
No estoy alrededor tuyo para verte gritar de agotamiento

Circle the Drain
-Katy Perry


Who you are


Porque soñar es creer, y si sueño que tengo una mínima opción de rozar tu mejilla con mis dedos y que me correspondas con un beso, creo que podré tenerlo y que seas capaz de ver, en mi interior, lo que soy, porque quizás yo no sea una belleza marmórea, ni sea un modelo ni sea nada... simplemente quiero que mires a mis ojos y veas lo que soy de verdad, y yo poder ver quien eres tú.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

Teenage Dream


Tú me haces sentir que vivo un sueño adolescente,
la manera en que me excitas.
Simplemente, no puedo dormir.
Así que huyamos y nunca eches la vista atrás...

Notar la arena entre los dedos de mi pies, húmeda, mientras camino y dejo mis huellas marcadas en la orilla de la playa. Sentarnos y mirarte a los ojos, almendrados, mientras mis dedos juegan con tus dedos y se ruborizan mis mejillas con el calor de tu mirada. Morderme el labio inferior y bajar los ojos, avergonzado por no poder aguantarme las ganas de rozar tus labios con mis labios, alejados del mundo, y que el sol de ponga poco a poco, dejando que las estrellas y la luna invadan nuestro mundo poco a poco.

No tener miedo, simplemente querer quedarme contigo hasta que no haya nada más que hacer. Tumbarnos en la arena y poder apoyar mi cabeza en tu hombro mientras rozas con tus dedos mi piel y me haces cosquillas, dejando un rastro de piel de gallina tras ello.

Simplemente, desear que ese momento no termine nunca, que no haga falta mirar atrás en el tiempo y ver que quizás alguna vez no fuimos nada. Mirar adelante en el tiempo y saber que quizás puedo robarte un beso.

Sentir un sueño adolescente.


domingo, 13 de noviembre de 2011

The One That Got Away


Las manchas de pintura de colores rompían la monotonía del blanco marmóreo de las paredes entre las que se encontraba Lockterra, observando delicado los trazos, absolutamente incoherentes entre sí, que el joven pintor había dejado a lo largo de tantos días dedicado única y exclusivamente a dibujar un universo de locura en el cual él ni siquiera se atrevía a habitar. Pero Lockterra no podía evitarlo, estaba encerrado y la única ventana al mundo estaba cubierta por una pequeña pared de ladrillos grisáceos con una única nota en tiza que rezaba 'Borré tu tatuaje de mi mano, no quiero que seas parte de mí' sin firma alguna.

Sentado en el suelo, en el centro de la habitación, el silencio era su único compañero, ya que sus labios habían permanecido sellados desde el segundo que se había encerrado en aquella habitación, intentando evitar acordarse del pintor y de todo el mal que le había hecho dibujando una imagen completamente diferente de la que en realidad tenía de si mismo. Se abrazaba las piernas y lloraba viendo cómo todo aquello lo único que podía representar era el caos interno que el pintor había observado en su corazón mientras le abandonaba allí en la noche con los ojos vendados, intentando hacerle ver que era un regalo.

El pintor se había marchado, debía marcharse. Y aquello supuestamente debería haberle bastado a Lockterra para esbozar una ínfima sonrisa. Sin embargo, él no debía haberle abandonado. Ni siquiera debía haberle encontrado. Ahora él estaba allí, tirado entre los colores, desnudo ante un mundo que no podía verle. 

Se levantó y rozó con la punta de los dedos la tiza blanca, haciendo un borrón que hizo ilegible la palabra tatuaje. Era estúpida la sensación, como todo, pero aquello le reconfortó. Rozó con sus dedos el resto de la frase y lo único que dejó fue quiero antes de cerrar los ojos, sonreír y pensar en todo lo que había pasado. Había sido, quizás, un acierto que todo aquello sucediese para darse cuenta que no necesitaba al pintor en su vida. Así lo entendió y empujó del ladrillo donde aquella palabra residía, para darse cuenta que la luz del sol se filtraba poco a poco y varios pares de ojos, curiosos, surgían para ver quién había allí dentro.

Porque, quizás sin saberlo, y aunque el pintor debía marcharse, el que debía irse de allí era él.


Why don't you do right?

Nunca estará de más atenuar las luces, encender la radio y, con los rayos de la luna filtrándose entre la seda, escuchar aquel dulce jazz que me hace desear morder tus labios...

Los labios de Blancanieves



Los labios del príncipe probaron los cristales de hielo de las comisuras de la boca de la princesa que, sobre la tumba de cristal, reposaba plácidamente, marmórea. Prendida entre sus manos, una manzana roja mordida una única vez y una pequeña botella vacía. El joven se separó del cuerpo de la chica, siendo observado por los espíritus del bosque que, expectantes ante la situación, desaparecieron apenados al comprobar que aquella ocasión tampoco había bastado para recuperar a la pequeña Blancanieves, que a sus 18 años aún no había probado otros labios que no fuesen los del primer príncipe que la besó para despertarla.

A falta de otra manzana que la envenenase, fue el alcohol lo que la durmió. Y, en aquella ocasión, solamente un beso sincero la despertaría. Los espíritus sabían que únicamente los labios de un joven príncipe lejano, en los cuales reposaba la magia de la Bruja, podrían despertar a Blancanieves de su letargo. Ella le quería, sin atreverse a decírselo, pero ya no podía hacer nada que no puede esperar descansando sobre el cristal que, poco a poco, comenzaba a resquebrajarse.

Como su universo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Shelter

Quiero compartir con todos vosotros esta canción que, en estos momentos, tanto bien me hace, al  recordarme segundos preciosos que, posiblemente, no se van a volver a repetir pero que, sin embargo,  han significado tanto para mí. Un beso que me hizo sentirme, aunque fuese de manera equivocada, la persona más delicada y especial del mundo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El Circo de los Horrores


Los tambores provocaban que las paredes retumbasen mientras, entre gritos, vítores y aplausos, los payasos aparecían en mitad de la arena del Circo de los Horrores. El Circo de los Horrores no es un circo normal, ni mucho menos: mitad circo de espectáculo, mitad circo romano. Las telas exteriores, rojas y amarillas, llamativas, acogedoras, escoden en su interior las entrañas, negras y burdeos, iluminadas con velas negras sobre candelabros metálicos oxidados.

Y un único foco, el foco que ilumina a los payasos. Grande, potente, cegador. Rojo sanguíneo. Payasos absolutamente dementes, pintados de manera oscura, tenebrosa, maquillados como demonios, con dientes puntiagudos, desgarradores. Aplaudían y saltaban, gritaban y se acercaban a los niños, gordos, orondo como toneles, que comían piruletas con formas de persona mientras los payasos elegían a uno como invitado especial para su espectáculo.

¿El afortunado? Tú.
¿Qué harán? Adivínalo mientras te muerdan y maten.
¿Una manera de evitarlo? Matándolos a ellos primero.

El egocentrismo no lleva a ninguna parte. La soberbia y el menosprecio no llevan a nada más que a crear una imagen propia que, con el tiempo, acabará destruyéndote. ¿Infravalorar a los demás? Demasiado bien visto. ¿Competir? Algo comprensible. Quien puede parecer que aporta poco puede sorprenderte para bien con un simple texto.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Feeling good

Pájaros volando alto, sabes como me siento
El sol en el cielo, sabes como me siento...

He de admitir que, aunque los versos extraídos para la nueva entrada del blog sean del clásico jazz ''Feeling good'' de Nina Simone, mi ánimo no es que sea excesivamente... ¿podríamos decir bueno? Tampoco es que esté triste, ni mucho menos, si fuese así ni me habría atrevido a mencionar a la señora Simone. El problema es la apatía.

Suena estúpido hablar de apatía en mi caso cuando, normalmente, parezco tan sumamente feliz y contento y fumado y alegre y... en fin, toda serie de adjetivos de una extraña felicidad enmascarada. El problema es que no me apetece en exceso estar en clase, así como tampoco me apetece estar en mi casa, así como tampoco me apetece estar en ninguna parte ahora mismo. Me apetecería estar metido en mi cama, pero sin que me rodee nada, digamos una cama en un cuarto vacío alejado del mundo.

No tengo ganas de nada, sinceramente. No es que esté enfadado, no es que esté triste, no es que me pase nada, simplemente que estoy apático y no tengo muchas ganas de nada. En todo caso, estaré asqueado por una serie de gente que son absolutamente... ¿imbéciles? ¿Previsibles? ¿Lameculos?

...Pez en el río, sabes como me siento
El río fluyendo libre, sabes como me siento...

...y me siento bien.


lunes, 17 de octubre de 2011

Cisne Blanco Cisne Negro


Publicado por primera vez en 'Il mare immenso di Heras'. Quería recuperar esta entrada porque representa muchas cosas para mí.

Cisne Blanco, Cisne Negro

Hay ocasiones en los que a Migue, lo confieso, le gustaría ser fuerte y tener entereza, avanzar con paso firme y realizar los movimientos precisos y justos. Ser como una bailarina principal de ballet, ponerme sobre unas puntas y ejecutar la rutina del último acto de 'El lago de los cisnes' sabiendo que todos los detalles que crearon la imagen del cisne blanco tuvieron su reflejo en un espejo negro, como un cisne corrompido en su corazón.

La idea de la polaridad entre ambos personajes del cisne en el ballet me ha fascinado siempre, pero admito que la película, 'Cisne negro', ha tenido cierta influencia últimamente en mí. Esa sensación de poder llegar a los extremos de la mente humana, andar en una fina hebra que puede romperse en cuestión de instantes si la precisión no es milimétrica y caer en lo más profundo de tu ser. Es ser blanco y ser negro, pasando por toda la gama de grises.

Y hay momentos en los que Migue, el cisne blanco, se siente desprotegido, forjado en un cristal hiperdelicado, capaz de fracturarse en mil y un cristalitos pequeños. Sé que es una estupidez, que hablar de esto no hará más que seguir haciéndome daño, pero sé que es lo que mi corazón me pide en estos momentos, y lo que no puedo dejar es que, como dice la canción, mi corazón me rechace. Mi corazón me está rechazando, al menos está rechazando a Migue, y está creando a su alrededor una capa de plumas negras, y Heras está impregnando con su presencia todo su ser.

Puede que alguien tome lo de las plumas como una coña barata, un intento de mofa por una condición sexual, que puede ser la que a mí me apetezca, o no. Y, aunque suene estúpido, me alegro que anoche, mientras estaba fuera, el cisne negro saliese a relucir, y ante los gritos provocativos de cierto energúmeno, salido de las entrañas de un lugar al cual no quiero volver ahora que he salido, hubiese únicamente indiferencia. Sé que mucha gente piensa que soy fuerte, que tengo un caparazón y que las cosas no me afectan tanto últimamente, que he conseguido transformarme en un ser más duro, pero no es así. Que no grite, o discuta, o me enfade tanto como antes, que no descubra mi carácter tanto, no es más que un método de defensa.

Estoy harto de ser juzgado por lo que soy y no por quién soy. Sé que soy una buena persona, aunque esté mal que uno mismo lo diga, pero sé que no merezco ciertos tratos de cierta gente. Sé también cuales son mis defectos, que es lo que me hace perderlo todo, pero sé que no he hecho nada tan sumamente grave.

Estoy harto también de personas que se creen por encima del bien y del mal, que manipulan y que lo único que hacen es provocar y causar daño, daño y más daño. Que son incapaces de permitir a alguien mostrar sus verdaderos colores y mostrar lo buenas personas que son, porque en el fondo lo son. Así como también estoy harto de personas tan sumamente manipulables que pierden el respeto a sí mismos y todo el amor propio por un poquito de aceptación. Que se venden a ellos mismos y venden todo su pasado porque lo único que quieren es sentirse parte de la mayoría.



¿Y qué si no se es de la mayoría? ¿Qué es lo necesario? ¿Ser parte del ballet de fondo o ser la figura principal? Todo merecemos un papel principal en nuestra vida, de mayor o menor relevancia, pero principal. No podemos conformarnos con ser meros palmeros del resto, guiarnos por las personas que nos rodean siempre. Debemos saber desmarcarnos cuando hay que hacerlo y ser capaces de meter el puñetazo en la mesa. Ser capaces de decir: 'os aprecio, pero hay otra gente a la que también aprecio aunque no os llevéis bien'; y no aceptar, ni remotamente, la marginación y el ridículo que se hace sobre un tercero por parte de ese grupo mayoritario cuyo único valor principal es la ausencia de personalidad, el conformarse siendo las bailarinas que nunca dicen 'aquí estoy'.

Sé que hay quien, por esta entrada, se pueda dar por aludido, pero ya está bien de callarse las cosas. Ya está bien de ser Migue para todo, ya está bien de permitir que me hieran y que me ataquen. Ya está bien de dejar que arranquen todo lo bueno en mí, y quieran quedarse con una figura negra de mí, una voluta de humo. Es suficiente.

No tolero. No consiento.
Y si alguien quiere atreverse a atacarme por ser quien soy, por ser lo que soy, que lo haga, adelante. Pero que lo haga frente a mí, que sea capaz de hacer las cosas como hay que hacerlas. Con valentía y no porque el grupo grande ataque ellos deban atacarme. Estoy harto ya de personas inverbes, de pequeños hipócritas que el único sentido que tienen en sus vidas es dejar a sus amigos arrastrados por personas que nunca han estado ahí.

Ser amigo no es tener los mismos gustos. Ser amigo es estar ahí y apoyar, saber aceptar al otro y quererle y respetarle de la misma manera que el otro lo hace. Es no tener miedo de quedarte fuera del mundo por una única persona.

Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, acepta las consecuencias de tus actos.
Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, no vengas buscando a Migue, porque quien estará aquí será Heras para recordarte, en un segundo, que le mentiste y le atacaste. Estará el cisne negro de mi personalidad para recordarte que, tan amigo que me consideraste, has sido incapaz de darme una buena razón para abandonarme de la manera que lo has hecho, y que has sido incapaz de decir 'no', y has dejado que una persona se mofase de mí y me ridiculizase en toda mi cara.
Y si tienes miedo de quedarte solo, ahora, te lo has merecido.
Y si no tienes miedo de quedarte solo, solo un consejo te voy a dar: cúbrete las espaldas, porque no hay nada peor que alguien hipócrita. Y si tú, un hipócrita, se junta con más hipócritas, vas a acabar sufriendo las consecuencias tarde o temprano.




viernes, 14 de octubre de 2011

Set fire to the Rain


Contar relatos basándome en la canción que escucho nunca suele terminar bien, porque la historia nunca tiene coherencia escrita. Sí en mi mente, pero escrita no.



Las gotas de lluvia rozaban cada milímetro de mis mejillas, deslizándose, al ritmo que la gente abría sus paraguas y se alejaban poco a poco del banco donde estaba sentado, solo, calándome con cada partícula de agua que penetraba por mi ropa. Contemplé la capota gris que cubría la ciudad y subí las piernas al asiento del banco, me coloqué la capucha de la sudadera y me abracé a mí mismo mientras escuchaba el repiqueteo de la caída de la lluvia.

Deslicé mi mirada hacia el semáforo de delante de mí y contemplé una figura acercarse hacia mí. Una figura apuesta que, aunque no conocida de sobra, sí que se había vuelto familiar para mí. Hice el amago de sonreír bajo la protección que suponía el estar medio cubierto y sin posibilidad de que me reconociese. Podría haberme levantado del asiento y saludarle, pedirle cobijo bajo el paraguas e intentar, como quizás intenté antes, rozar sus labios de nuevo.

Pero no lo hice al ver que se acercaba a otra figura que aguardaba al otro lado del semáforo, con un paraguas diferente y con el brazo levantado, saludando. Fue entonces cuando el amago de sonrisa se desvaneció de mi rostro y fruncí el ceño de manera instintivo.

Y fue entonces cuando deseé prederle fuego a la lluvia y dejarles arder bajo las gotas de agua que caían. Por sentirme celoso, por saberme no deseado, por saber que nunca podría aspirar a nada porque cruzar nuestras miradas sólo puede significar algo amistoso y por saber que querer un beso cuando no hay unos labios que te quieran besar es estúpido.

Por eso quise prenderle fuego a la lluvia.

Pero al final, lo único que hice fue calarme hasta los huesos con la lluvia cayendo sobre mí, alejarme de aquellas dos figuras bajo sus paraguas y dejar que las gotas rozasen mi piel y me recordaran que el mundo es inmenso y que ninguno somos diferentes: si la lluvia cae, nos moja a todos.

Excepto si llevas un paraguas. Y yo me dejé el mío, igual al suyo, en el asiento del banco.


Y como no, esta no es una excepción.

viernes, 7 de octubre de 2011

El foco de la universidad

Es extraño mirar hacia el horizonte de un camino que estás empezando a recorrer y contemplar que, aunque ya has avanzado bastante, aún no te has alejado apenas de la línea de salida y que, junto a ti, se encuentran compañeros de viaje que nunca te habías imaginado y que ni tan siquiera conocías al principio pero que, en sólo una semana, te han dejado ver un poquito de sus personalidades y conocer un poquito de su vida. No porque vayan a volverse tus mejores amigos en solo una semana, pero sí que empiezas a perfilar un poco y a hacer cábalas acerca de quien puede ser más cercano a ti y quién no, aunque luego, como siempre, acabe dando todo un vuelco y te cruces con la gente que menos lo pensabas.

Porque eso siempre es así: vas predispuesto a una cosa y, tanto te decepcionas con la gente que ya conocías de antes -que no con toda, obviamente-, y luego con la gente que el primer día no te da ningún tipo de sensación, ni positiva ni negativa, a los dos días ya estás intercambiando parcelas de tu vida y risas en la cafetería de una universidad cuasi-desconocida para todos los que comenzamos la carrera, y que seguirá siendo así hasta el año que viene, cuando salgamos de ese antro llamado zulo que, aunque no sea lo peor del mundo, no es una clase como un universitario pensaría que se merece de primera instancia.

La primera semana de universidad ha sido, por tanto, una semana confusa en muchos aspectos: profesores que la primera hora te parecen sosos o te caen mal, la siguiente hora que tienes con ellos cambian radicalmente; compañeros que no esperaría intercambiar dos palabras son tus compañeros de uno o más trabajos en grupo; mil trabajos en grupo para comenzar a hacer a la semana de empezar las clases... Creo que mi universo se va expandiendo poco a poco a medida que los segundos en la facultad pasan, y creo que eso está siendo de lo más positivo para mí: el mundo de la facultad es mucho más amplio de lo que nunca consiguió ser el mundo del instituto, y es lo que más feliz me hace, me hace poder ser yo mismo sin tener que cubrirme con velos de 'normalidad' que había que mantener para guardar las apariencias. Y eso me gusta.

El primer día, sin embargo, creo que me anticipé un poco con toda la 'emoción' de dicho primer día, y que quizás me anticipé demasiado y que quise entablar demasiados lazos con demasiada gente, sin esperar a relajarme un poco y que las cosas fluyeran, poniéndome bajo un foco de atención que quizás yo no hubiese querido por parte de alguna persona concreta, y no precisamente para bien. Pero bueno, ese foco de atención de seguro ya se ha apagado y, la semana que viene, volveré a clase, partiendo de 0,5 y todo será cuestión de repartir sonrisas y charlar con la gente en la medida de lo posible. Reencontrarme, tras tres días, con Maria, con Natalia, con Eloy, con Lucia, con Ana, con la otra Ana, con Gema, con Ale, con Aless, con Merche, con Antonio... y, en definitiva, con tanta gente con la que me he llevado una buenísima primera impresión y que, espero, me dejen llevarme más y mejores impresiones de ellos. Porque la primera impresión, si no es la que cuenta, al menos, siempre acaba orientando un poco, queramos o no, y hay que dejarse llevar un poquito más para que todo salga genial al 100%. 

Y ahora, a leer 'El código 2.0', el manual de psicología y mil y un textos...

domingo, 2 de octubre de 2011

Cerrando etapas


Summertime...

A veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Seguramente suene típico y tópico, pero es algo que poco a poco va adoptando algún tipo de sentido para mí a lo largo del tiempo, sobretodo en estos momentos en los que escribo la última entrada del blog antes del final de mis vacaciones. Unas prolongadas vacaciones de casi cuatro meses en los que me ha dado tiempo a perderme y encontrarme interiormente más de una vez, en el cual he tenido los mejores y los peores momentos en mucho tiempo y que, sin embargo, creo que ha sido el bofetón en la cara necesario antes de irme a la Universidad.

Aún me quedan, no obstante, mil y una cosas que no ha aprendido antes de comenzar el curso y que quizás me vendrían bien para crecer un poquito más como persona cada día. No soy un adulto aún, por mucho que supere la mayoría de edad en el carnet de identidad, y creo que en muchos momentos mi lado infantil se come al adulto y decide atacarlo frontalmente ahí donde presenta más fisuras.  Soy consciente de ello y, aunque cada día antes de salir a la calle me haga el propósito de no ceder ante ese lado mío, no cumplo mis promesas y, si las hago, las hago de una manera opuesta a tal y como me gustaría hacerlas.

La madurez es un grado, eso está claro, y que no tiene nada que ver con la edad, aún más claro. Y, aunque vayamos de maduros por la vida, todos sabemos que en nuestro interior lo que delata la mayor inmadurez es querer aparentar algo que no eres. Simplemente necesito tiempo y que pasen cosas en mi vida.

El verano ha tenido sus altos y sus bajos, y ahora que lo pongo en una balanza, creo que los altos ganan por goleada a los bajos, a pesar que muchos han derivado los unos del os otros y que hubiera en Agosto una auténtica semana horribilis en la cual, no me da cosa admitirlo, lloré durante toda la semana al menos dos veces cada día. Alejandra es testigo de ello y puede confirmarlo. Mi llamada simplemente buscaba una respuesta por su parte y fue algo que necesitaba escuchar. Quizás algunos lo consideren algo infantil, pero algunos ya conocéis algo de mí y creo que no voy a mentir si digo que lo único que necesito en muchas ocasiones es simplemente saberme querido por la gente que me rodea. Algún día abriré un poco el cajón de cosas que no deberían salir nunca y que me hacen salir y plasmaré algunas, porque han permanecido demasiado tiempo apiladas todas juntas y, al final, eso crea una masa incontrolable. Hay gente feliz con una sonrisa, quizás yo necesite abrazos.

Pero, lo dicho, lo que han predominado en mi verano han sido los momentos de alegría con la gente que se ha preocupado de mí y que han estado conmigo estos meses. Esos martes de trivial con tantas respuestas absurdas que nunca nos llevaban a nada, esos momentos de ir a casa de Ali, el día de la Cocktelera Totera, los días en casa de Laura viendo películas y películas, la feria, las moragas… Y me gustaría agradecérselo a cada uno personalmente, pero como quizás iba a ser demasiado ñoño y empalagoso en persona, pues lo dejaré escrito, que así permanece:

Como siempre, Laura, la que desde el mismo momento que me mira a los ojos sabe lo que pienso y lo que me pasa no puedo dejar de darte las gracias por ser la mejor amiga que ha podido cruzarse en mi vida en estos dieciocho años. Sabes que, aunque yo sea como soy, me complementas en muchos aspectos de mi vida y, sin duda alguna, sé que eres y serás mi mejor amiga por muchísimo tiempo. Contigo, también darles las gracias a Julia, Paco, Elena y tanta gente que ha hecho que mis días de verano no hayan sido tan amargos. Desde Mayo, que nos juntamos tantos a ver Eurovisión en la casa de los Podadera, hasta la fiesta de casa de Elena, pasando por los momentos de risa viendo y malinterpretando Harry Potter.

A la gente de Twitter, también agradecerles muchas cosas: hacen que mi pequeño mundo siempre se agrande un poquito más, porque me hacen ver las cosas desde una perspectiva más madura aunque eso siempre acabe haciéndome rabiar porque, sin olvidarlo, soy y seré uno de los pequeños y eso siempre estará presente, para qué negarlo. A Ali que sea tan sumamente paciente y que, con esa relación de amor-odio que nos profesamos, haga de mi vida una película de Almodóvar más y más interesante. A Jessica por ser siempre esa maravillosa locura y esa persona que vive en su mundo sin preocuparse por nada. A José, esté en Málaga, esté en Madrid, por ser mi defensor en ciertos momentos. Al otro José y a Desi por ser mis descubrimientos de final de verano, aunque a él ya le conociese de antes. A Sergio, porque poco a poco lo voy entendiendo y, aunque a veces pelín insistente, es una de las personas que más me ha sorprendido estas semanas. A mis papis Bea y Alfredo por adoptarme ficticiamente y darme consejos. Y a tanta gente…

Y a la gente del colegio: Antonio, Raquel, Amapola, María, Ignacio… Sois tantos también que no puedo mencionaros uno por uno, y deciros que, aunque a muchos os iré perdiendo por el camino, con otros el contacto sé que seguirá presente y que puede que, en cualquier momento, vuestro teléfono sonará y sé que no todos responderéis, pero quien lo haga, será de corazón. A Gallardo también, aunque ahora pase de mí como de la mierda y no me haga caso con lo de estudiar, pero es que él es como es y… ¿qué le vamos a hacer? Y a Bravo, a Domingo… y, en definitiva, toda esa gente que, entre la mierda, destacan porque son gente que de verdad merecen la pena.

Faltáis muchos: los scouts, los chicos de las moragas, la gente del poyete (que no me olvido)… Pero es que no quiero hacer esta entrada interminable y vosotros sabéis, de corazón, que si me necesitáis para algo, aquí estaré una y mil veces.

El verano, para mí, ha acabado en Octubre este año, y sé que quizás no tendré nunca jamás otro verano tan abierto a posibilidades como este. Y sé que no lo he aprovechado y no lo he exprimido al límite, pero esas son las pequeñas incoherencias de la vida: cuanto más tienes, mejor lo deseas y menos lo aprecias, y eso es lo que me ha pasado a mí este verano. La señora Eva, a partir de ahora, será la encargada de anunciarme que me quiere a la cama pronto para ir a la facultad a estudiar, pero… ¿qué decir? La rutina, en el fondo, tiene su encanto, y más cuando hay tanta gente, como Ana, Merche, Laura, Alejandro o Alessandra que parece que harán mi mundo un poquito más grande, en vez de limitarlo como años atrás muchas clases han hecho.
Comienzo nueva etapa y cierro muchas que debería haber cerrado en su momento.
Comienzo la universidad.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Hay momentos de desesperación que lo que te hacen darte cuenta es que te ahogas en un simple vaso de agua cuando la solución a los problemas no siempre tiene por qué ser la misma. No siempre hay que ponerse en el lado negativo de las cosas y no siempre hay que planteárselo todo como un drama de 'es esto o es lo otro' sin ver la inmensa cantidad de posibilidades que tiene el universo preparadas para uno. No todo es blanco o negro, y sin embargo todo lo acabamos viendo de esa manera, ¿por qué?

Pensar en hablar única y exclusivamente acerca del cambio de turno que pedí y que, finalmente y contra todo pronóstico, me han dado en la facultad, puede resultar algo un tanto estúpido y algo un tanto absurdo, pero en el fondo creo que no tanto, ya que demuestra que quizás mis momentos de negatividad anulan todo lo que le puedo ofrecer a la gente: dar la imagen de autodetestarte y de no querer ser tú mismo no es más que un escudo que te pones para que la gente crea que tú sabes tus defectos y que no te gusta tenerlos... Y nada más opuesto a la realidad. Realmente el defecto principal es ese, el que anula todas tus virtudes, ya que las acabas viendo como defectos y no sabes cómo actuar ni cómo llevar a cabo tus acciones sin restringirlas a ese 'no' que tienes como respuesta previa.

Hoy la entrada no es larga, pero es que no siempre hemos de colgar entradas largas para contar cosas que no sentimos cuando, lo que de verdad queremos decir, se puede decir en pocas palabras.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La llama de una vela


Mis ojos siempre se pierden en el infinito ante las situaciones como esa, siempre acude a mi rescate mi pequeño niño, el niño que juega, que ríe, que sueña, pero que, sin embargo, tampoco es capaz de afrontar las cosas directamente y siempre pretende huir de eso con esas risas y esos juegos para despistar al mundo entero de sus propios pensamientos y sentimientos.

Alrededor de mi interior hay un muro en el cual la gente suele tirar piedras para poder encontrar una pequeña abertura con la cual entrar y poder descubrir lo que en mí hay. Un muro que a veces se abre solo y deja ver lo bueno que puede haber ahí, protegido para los demás con guardas cargados con picas y que saben hacer trucos de magia para despistar, pero eso son los momentos no tan comunes, y es el resto del tiempo cuando junto a las paredes de piedra, niños pequeños pintan con sus dedos dibujos de estrellas, nubes y lunas con pinturas azules, verdes, moradas y rojas. Y me arrepiento tanto de dejarles hacerlo tan a menudo...

Sin embargo, la magia de una simple vela bastó el viernes por la noche para que, lo que parecía un simple momento de diversión y bromas se convirtiese en una pequeña terapia improvisada y mis ojos se perdiesen en la llama que coronaba aquella vela en el centro de la mesita negra y todos mis muros internos cayesen poco a poco, que los guardias se durmiesen por un instante y surgiesen de mí todas aquellas cosas que quizás no les habría dicho a aquellos que me rodeaban en otro momento. 

No soy sincero siempre con el resto del mundo, quizás porque no soy capaz de ser del todo sincero conmigo mismo, y creo que es algo que me di cuenta el otro día. Y no lo digo como un método autodestructivo de esos que tanto me gustan y que tanto daño me acaban haciendo, que diluyen mi mundo en un mar de cosas que no tienen nada que ver. Esa es la conclusión a la que llegué al otro día mientras miraba aquella vela y escuchaba la que, quizás, fue la verdad que nunca asumo y que siempre me martillea: escuchar salir de alguien que de verdad te aprecian por quien eres y por lo que eres es, quizás, lo que necesitaba en aquel momento. Suena egoísta, pero no me di cuenta de ello hasta que lo escuché saliendo de quien menos esperaba, quizás, que me lo dijese.

Mis miedos se reducen a no ser aceptado por la gente que me rodeaba. A buscar ser aceptado por un mundo que quizás nunca me pertenece y al que siempre enseñaba lo que se escondía tras los muros a reyes y reinas, que saqueaban lo que podían y que finalmente dejaban mi mundo vacío, únicamente con dos guardias cada vez más armados y más fieros. Y eso no es bueno. Nunca fue bueno.

Las piedras multicolor del muro se van cayendo poco a poco en ciertos aspectos, no con todo el mundo, pero se están cayendo, y los niños se alejan de las paredes para que sean adultos los que pinten con sus dedos mientras yo, perdido entre mis pensamientos, contemplo una vela consumirse.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una chica rica, un relato típico

Hace tiempo escribí este relato corto para un foro de escritura al cual pertenecía y en el cual no estuve demasiado tiempo, ya que tengo la maldita manía de no ser demasiado constante con las cosas en ese sentido (creo que al foro al que llevo más tiempo perteneciendo y con el cual tengo más fidelidad es con el de Eurovision desde 2007, así que imaginad), Y quería compartirlo con vosotros, no porque sea profundo y trascendental para el devenir de mi manera de escribir, sino porque con esto me di cuenta de verdad que las cosas que escribo, por muy banales que sean, si las escribo de mi interior, las voy a seguir apreciando pasen los años que pasen. Lo dicho, no es gran cosa, pero bueno, si os gusta, agradecido soy.

Lys 

Se miró al espejo del tocador una y mil veces, se cepillaba el cabello moreno con meticulosa perfección y escudriñaba en la imagen de su propio reflejo. Soltó el instrumento de plata junto al joyero, repleto de avalorios de lujo, y se sentó para seguir arreglando su imagen antes de bajar a la fiesta.


Lys Taylor, hija de un gran magnate de la ciudad de Brightport, siempre había disfrutado de la vida que el dinero de su padre le proporcionaba. Pero, claro está, los billetes y las monedas nunca son lo prioritario en esta vida. Puedes vestirte con vestidos preciosos -como el plateado que ella misma lucía aquella noche-, pero hay una parte dentro de tu alma, de tu espíritu, que no puede ser comprada con lujos y cosas 'divinas'. Ella siempre había sentido el vacío en su interior, pero nunca había sido capaz de dar el paso para llenarlo con algo.


Se dio el último brochazo en la cara y se levantó del tocador, dándose la vuelta y saliendo de la habitación, quedando frente a la preciosa escalinata de mármol blanco que daba al piso inferior de la mansión que su padre, Magnus Taylor, había adquirido con trabajo, esfuerzo y muchos chanchullos. Suspiró y se levantó un poco la parte baja del vestido para no tropezarse con los tacones y caer rodando.


Pisó el suelo firme de la planta baja y observó el desfile de celebridades locales que accedían al interior de la gran sala de fiestas que tenía preparada su padre para esta ocasión. Ella, realmente, no sabía qué celebraban, ¿un nuevo intercambio de maletines para que su padre crease un nuevo laboratorio? Con la Corporación Quimera fuera de juego... cualquier cosa podría suceder.


Y ella, mientras tanto, soñando con cambiar su vida y llenarla con algo nuevo... Ilusa, sabía que, aquella noche, no se daría el caso.

lunes, 12 de septiembre de 2011

De visita por la Facultad; menú

Finalmente, hoy no he podido hacer lo del cambio de turno en la Facultad. El miércoles 14 o el jueves 15 (preferentemente el primer día a primerísima hora) he de ir a Teatinos para presentar la instancia y cruzar los dedos para que me la concedan de ahí hasta el día 22.

Por otro lado, a partir de ahora colgaré el menú que tome a lo largo del día, tanto las comidas hechas por mi madre como las propias decididas por mí. Suena estúpido, pero mi mayor problema no es el qué comer, sino cómo comer, controlarme para no comer en exceso.

Si como algún capricho también lo anotaré, para poner todos los días mis aciertos y mis errores y, así, pues cada día intentar superarme un poquito. Bueno, a lo que vamos:

12 Septiembre

Desayuno: Pan con queso y zumo de frutas tropical.
Media mañana: Tajada de melón
Almuerzo: Filetes de cerdo a la plancha; una bola de helado; agua.
Merienda: Zumo de frutas
Cena: Verduras cocidas, natillas, agua.


Caprichos: Poloflá de limón a media mañana

No como el vaquero Woody...

Tengo los nervios a flor de piel en este momento. A las 00:23 del día 12 de Septiembre de 2011 he de decir que no sé qué va a ser de mí, obviamente no de la misma manera en la que Woody, el cowboy de Toy Story, lo cantaba en la película, sino de una manera mucho menos trascendental. En la película, el vaquero se sentía desplazado y apartado del mundo que le rodeaba por la llegada del nuevo juguete, de Buzz Lightyear, de la misma manera que me he sentido muchísimas veces por parte de algunos grupos con los que, por suerte y desgracia, he tenido que convivir durante estos años. Por suerte, porque me ha servido para curtirme a base de perder mil veces y no ganar ninguna; y por desgracia, porque no sentía quizás lo que uno, cuando está en un grupo de amistades, debería sentir.

Pero no, esta no es la situación. No sé qué va a ser de mí por una cosa tan sumamente nimia para algunos como es el horario de la universidad. Puede que quizás muchos no comprendan mi fijación con el horario de mañana, pero otros lo entenderán perfectamente: este verano está siendo particularmente duro para mí, siendo el primero en el cual estoy con el tratamiento para la colitis ulcerosa que padezco desde ya casi un año, y siento que cuando por fin estoy alcanzando más o menos el objetivo de poder llevar a cabo una rutina normal, las cosas se desvanecen como el humo por un simple horario basado en el azar. Sé que muchos no entenderán mi situación, pero no pretendo hacérosla comprender a base de un discurso vacío.

Mañana me voy a levantar y voy a recoger todos los papeles que ahora descansan sobre mi escritorio, los cuales he repasado una y mil veces, y voy a ducharme y afeitarme. Me vestiré, cogeré mi iPod y una carpeta con la documentación y, dinero en mano, iré hacia la parada del 20. Me montaré en el autobús, que me dejará frente a la Facultad de Derecho, justo en la acera opuesta de la cuesta que me llevará hasta mi Facultad. Entraré por la puerta de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y hablaré con la persona que haya en secretaría y... el resto, es todo suerte.

No deseo suerte, la suerte sería si mi razón fuese nimia, si fuese barata. No deseo suerte. Deseo poder seguir con esta vida normal que, aunque a muchos os parecerá una tontería, a algunos se nos hace cada vez más complicada. No sabéis lo que tenéis, no lo valoráis, hasta que lo perdéis. Yo no lo sabía.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Miguel de Cervantes

Está siendo uno de los proyectos más duros a los que me he enfrentado en estos años que llevo dedicado en cuerpo y alma a la creación de historias escritas en paralelo a mi propia vida real. El instituto, la natación... nada tiene comparación a la dedicación que le estoy intentando poner a la escritura, para qué mentirnos, a pesar de los grandes vacíos en los cuales la inspiración me abandona y las historias desaparecen de la faz de la tierra como si de humo se tratasen, pero la escritura sigue siendo mi deseo interno y sé que hay que luchar por encontrar un hueco en este mundo de locos, pero bueno, aquí sigo, intentando hacerme un nombre en la comunidad bloggera que, por ahora, no va demasiado mal.

Mi blog no está siendo comentado en otros blogs, está claro, ni mi libro publicado en Literatura Nova está siendo criticado en mil y una webs de reseñas literarias. No lo niego, lo he buscado por si alguien ha opinado acerca de él, como creo que muchos de vosotros haríais en mi situación, pero creo que mi trabajo no me va a dar los frutos que espero a corto o medio plazo. Y eso es lo que más fuerte me está haciendo crecer personalemente: el realismo con respecto a lo que deseo hacer.

Porque a base de esfuerzo es como he de conseguir las cosas. No todo lo debo tener regalado. No todo debo conseguirlo de primeras, he de luchar por lo que quiero y lo que deseo y lo que espero. El mismo lunes he de enfrentarme a ello con el cambio de turno de la universidad que, probablemente, no me den, pero he de intentar luchar por ello si es lo que de verdad deseo.

Hace aproximadamente tres años, con la muerte de mi abuelo materno, la familia paterna de mi madre, los de la zona de Castellón y la zona de Melilla y Tánger empezaron a entablar contacto con la señora Eva, uséase mi madre, y fue por ello por lo que nos enteramos de la intención de una prima nuestra de casarse en Málaga. Sé que en principio todo puede parecer superficial, incluso frío, pero todo toma sentido en un momento. Conocí a parte de mi familia a la cual desconocía y de la cual luego no he tenido demasiada noticia, a excepción de mi tía Mari, a la cual cogí mucho aprecio en aquel mismo momento y que, sin pretenderlo, hizo llorar a mi hermana hablando de mi abuelo, a quien ella adoraba y a quien Laura cuidó hasta el último día de su vida. Algún día hablaré de él. Es una deuda que tengo. 

El hermano de mi abuelo, sin embargo, me dio una clave que posiblemente no comprendiese hasta estos meses: perseverancia y empeño. Éste es el nexo que une todo el post y le da coherencia. No es un post en el cual quiera atacar a la gente, no es un post que yo quiera poner por desahogarme. No, es un post para mí mismo, para leerlo y recordar por qué estoy donde estoy y por qué quiero conseguir lo que quiero conseguir. Por eso que esté mejor o peor me da igual.

Antes de irnos de la boda, mi tío me comentó algo y me dijo que lo guardara como un tesoro. Él, como mi abuelo, adoraba pintar, pero mi tío pintaba lo que veía (la playa, la arena, los barcos, la mar...), sin embargo, él no pintaba esos cuadros, sino que tuvo una idea. Leía ''El Quijote'' y pensó en narrar los hechos que en el libro pasaban como en un cómic. Realizó un bloc entero, como un cómic, con las aventuras de Alonso Quijano y Sancho Panza y un día marchó a Madrid, de puerta en puerta, buscando a quién le interesaría la idea. 

Sin embargo. La idea nunca se la llegaron a publicar, y el bloc se perdió entre un mar de deseos rotos. Poco tiempo después, su idea salió y una serie de dibujos acerca del libro de Miguel de Cervantes salió a la televisión. ¿Coincidencia? ¿Casualidad? ¿Causalidad? Quién sabe.

Mi tío me dijo que si quería algo, luchase por ello. Que busque mi propio camino y que no me desaliente porque a la gente de mi alrededor las cosas con sus sueños vayan mejor, yo no debo fijarme en los suyos, sino en los míos. 

Quién sabe, quizás mi momento pronto llegue.

viernes, 9 de septiembre de 2011

L-O-V-E

Léase deletreado en inglés


Partamos de la base que el amor, como cualquier cosa que implique sentimientos, es una mierda del tamaño de la catedral de Santiago de Compostela, o del Vaticano, que viene siendo la redundancia de la mierda, solo que recubierta de papel dorado, como un Ferrero Rocher. A partir de eso, cualquiera puede hacer sus cábalas y puede realizar sus teorías acerca de ese maravilloso evento que es cuando alguien te corresponde esa mirada, ese roce y ese beso...

...el problema es que, con gran ''pena'' en su interior, el pringado de bloggero que os escribe esto es un absoluto negado para el amor, para lo que viene siendo todo el asunto sentimentaloide y cualquier cosa que implique poner emoción al servicio del corazón más que el razonamiento puro y lógico que, aun siendo tan visceral como soy, mi ''amado'' profesor de Matemáticas me ha inculcado. No es por nada que mi blog anterior (bueno, el nombre anterior de mi blog previo a 'La Casa del Árbol') se llamase 'Sucker for Love', ¿no? 

Y siento mucho ponerme en plan destroyer, pero es que no tengo por qué disimular que todo lo que viene siendo referente al amor lo hago de puto culo y, lo mejor de todo, es que acierto con mis ''objetivos'' lo mismo que con mi elección de bachillerato: un cero del tamaño de la Torre Eiffel. 

Y paso de hacer un repaso por mis fallos amorosos porque la lista es tan sumamente larga, y habrá tanta gente que ni le apetecerá salir aquí que mejor ni lo digo. A otros les apetecería saberlo, más que nada por el morbo de saber cuánta gente me ha rechazado, más que nada por reírse de mi (claro que sí, Khal Drogo y todo tu séquito de dothrakis sin cabeza y con el cerebro del tamaño de la... bueno, me callo, que me estoy reformando), pero últimamente mi modo destroyer he decidido usarlo sólo para atacar, que siempre será mi mejor defensa, así que no voy a darles ese gustazo, y voy a darles un gustazo mayor.

¿O no sabíais que uno de vosotros os ha puesto de gilipollas para arriba y lo acogéis en vuestro seno sin daros cuenta que los dardos envenenados viene por parte de quien más queréis? Por cierto, mi amada khaleesa, que a usted, los dardos han ido con veneno de basilisco.

Por cierto, se me olvidaba. Sí. Si lo vuestro también entra dentro de lo conocido como L-O-V-E, se os da bastante de pena. 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El Cerezo

Creo que todo sería bastante más sencillo en mi vida si sólo me dedicase a admitir que el mundo es el que es,  que la gente que me rodea por cualquier circunstancia es la que es, que esas son las circunstancias que me tocaron asumir desde un primer momento y que mi permanente búsqueda de gente nueva a mi alrededor con la que compartir mi vida, mis chorradas, mis sentimientos y mis preocupaciones, más allá del límite acotado por las cuatro paredes de una clase, no es más que una excusa para no tener que enfrentarme a mis infinitos complejos y a mi infinito ego, que lo tengo, y en cantidades industriales.

Pero la verdad es que luego uno ''reflexiona'' y pone en una balanza todo lo bueno que le ha dado esa búsqueda continua (que aún no acaba) de nueva gente con la que compartir el mundo y en otra mano pone todo lo malo que le da restringirse a un universo al cual nunca ha pertenecido y que pretende moldearlo en base a una imagen absurda y estúpida que nada tiene que ver con él. Unos ceden. Yo, por suerte, creo haberme ido alejando de la manera más elegante posible. O no. Seguramente la opción que tomé de despegarme de un grupo en el cual todos sus miembros comenzaban a asemejarse cada vez más a una piara de cerdos o a una jauría de perros sin ningún tipo de libertad de decisión o capacidad de voto de lo que se quería fue una de las opciones más acertadas de toda mi vida. Sólo con 16 años.

La gente considera que las decisiones de un adolescente son intrascendentes, que sus elecciones siempre van a llevarle a prepararse para el mañana y a crecer como persona, pero yo creo que en todo esto, lo único que tiene una mínima razón es lo segundo: nuestras decisiones son las que nos hacen diferentes y las que nos hacen madurar, por muy superficiales que parezcan. Y ser diferente no es vestir de una manera concreta, ser diferente es saberte en tu interior único y especial, saber darte tus espacios para ti mismo y para tus reflexiones, saber que en el mundo hay más que chicas con labios color cereza a las que besar y chicos con músculos a los que rozar, saber que no todo debe ser igual y que las diferencias, por desagradables, son las que hacen que la vida sea tan interesante...

...el problema siempre vendrá cuando haya gente incapaz de ver esas diferencias de una manera natural y crean que todo han de bombardearlo y destruirlo con estupideces. Yo las he vivido en primera persona, quizás porque desde pequeño haya tenido un carácter de esos que amas u odias, pero nunca he pretendido que la gente me tratara de cierta manera. Nunca pretendí que mis diferencias se convirtieran en objeto de burla por parte de ciertos seres del neandertal que lo único que han hecho interesante en su vida es un chiste acerca de cualquier gilipollez, o de imbéciles que lo van de graciosos por la vida y a los que perdonas una vez, pero ya no más, y que te ponen a las espaldas cubierto de mierda hasta el techo delante de tus propios amigos para ridiculizarte. Obvio que no todo se puede decir a la cara, sabéis de sobra que no es esa mi opinión, pero lo que no puedes hacer es intentar cambiar los pensamientos de gente que sabes que nunca será partidaria de ti en ese aspecto porque consideran a la otra persona un verdadero amigo. Y si se ponen de tu parte y luego te sonríen, es que no merecen la pena.

El título de la entrada va dedicado a ellos: cerezos en flor del tamaño de sus egos que terminarán algún día por lanzarse cerezas como balas entre sí para intentar demostrar que las suyas son las mejores, las más deliciosas y las más vistosas. Quizás creyendo que las rojas son las más atractivas y sin saber que las raras, las oscuras, las moradas, son mucho más sabrosas que sus insípidas cerezas.

martes, 6 de septiembre de 2011

Un día de suerte


Las flores comenzaron a marchitarse en el pequeño jardín delantero de la Gran Casa en los primeros días de Septiembre, cuando comenzaron las delicadas lluvias a empapar la hierba fresca que, día a día, se iba enfriando más y más cada vez. El año pasado, las flores del pequeño jardín delantero de la Gran Casa que quedaban sanas, cogieron sus maletas y salieron de la tierra para abandonar el lugar en busca de tierras más cálidas de morir congeladas.

Sin embargo, este año todo estaba siendo diferente. Muy diferente.

Me levanté una mañana temprana con el ruido de gotas y asomé mi cabeza por el hueco que hacía las veces de puerta a la Casa del Árbol, esperando que la lluvia mojase mis cabellos. Nada. El sol brillaba (y ni me había fijado que inundaba la mitad del cubículo de madera), y ni rastro del agua ni de las gotas.

Así que me crucé de brazos y me colgué de las piernas a la Casa del Árbol para ver el mundo bocabajo: los castores de peluche y su estanque arriba, la Gran Casa cayéndose hacia el cielo de nubes de algodón de azúcar, los patos surcando el cielo a nado...

...¿y las flores bailando?

Puse de nuevo el mundo en su sentido natural y observé cómo las flores rojas, amarillas y moradas salían de la tierra en la que habían sido plantadas pero, en lugar de llevar sus maletas en busca de un mejor ambiente, movían sus pétalos al ritmo de las canciones de una de ellas y los ritmos que las mariposas creaban con su batir de alas. No podía creer lo que estaba bien, así que salté y me acerqué a ellas.

-¿Qué pasa? ¿Pequeño Hombrecito? ¿Es que nunca has visto a una rosa bailar por sentirse afortunada de que un día como hoy haga un Sol tan brillante? -preguntó una de ellas.
-En Septiembre siempre os marcháis.
-Nunca hace tanto Sol.
-No tiene lógica que en Septiembre el Sol brille tanto.
-No tiene lógica que las flores hablemos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Corazón Satélite

Sé que llevo un par de días en los que, quizás, la narración de las cosas en el blog no es la que quizás pueda caracterizarlo. Si es que cinco entradas caracterizan a un blog neo-nato, claro estás. Pero llevo un par de días con convulsiones en mi interior que no están dejando al pequeño niño, subido en su casa del árbol, bajar y poder disfrutar del pequeño gran jardín en el cual está situado. Una gran tormenta interior provoca que cada momento dentro de mí sea peor que el anterior, y de golpe veo claros entre las nubes, por las que se filtran rayos de sol que me ciegan los ojos... pero vuelve todo a cubrirse con una espesa manta de color gris.

Y es que están volviendo los días en los que me sentía un corazón satélite, parafraseando a la gran Anya Marina. Me siento a la deriva, girando alrededor de un gran vacío que nada tiene y del cual nada puedo esperar, porque a pesar de que yo quiera y desee por todos los medios sentir algo, más allá de una cariño propio de una amistad no lo va a haber. Ni lo habrá jamás. Quizás ese sea el problema, que nunca habrá nada. Son ya demasiados momentos, demasiadas ocasiones, en los que mi corazón me engaña y, tomando el título de la canción de Loreen, 'me rechaza', porque se busca a quien de seguras no puede corresponderme y así es como yo mismo me hago daño.

Las tormentas internas, más allá de truenos y relámpagos, lo más que dejan son gotas de lluvia poderosas que, una tras otra, van rompiendo, empapando y humedeciendo mis murallas, consiguiendo que lo que las une se reblandezca y ceda bajo el peso...
...y bajo el peso, queda aplastado mi corazón satélite.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Como diría Cee Lo Green...

Queda ya poco para comenzar mi periplo por la Universidad y comenzar a estudiar Publicidad, y no sé por qué, a medida que se acerca el momento, mis dudas se despejan y mis miedos comienzan a aflojar sus cadenas en torno a mí. Me siento cada vez más seguro de que mi elección fue la correcta en un momento de inseguridades estúpidas y absurdas, y que aunque mi prematura timidez en momentos así, en los que me voy a ver con un montón de desconocidos, no tiene por qué tener razón de ser: ellos vienen a lo mismo que yo, a estudiar lo que ellos quieren y, ¿por qué no? A empezar de cero en mil y un aspectos.

Porque nunca he negado que entrar en la Facultad, para mí, va a suponer romper con muchas cosas pasadas y empezar a hacer lo que de verdad me apetece hacer, sin importarme la gente que me rodea… ¿O quizás no tanto? Seguramente encuentre mucha gente con la que compartir mi vida, mis cosas, y que seguramente respetarán mis decisiones personales mucho más de lo que la gente en el Instituto, tan estereotipada y tan sumamente pasada de año en año por un grupo de profesores que muchas veces parecen tener Guettos en las mismas clases, que es incapaz de comprender que el mundo se divide en más cosas que buenos y malos, que no todos los que te siguen son geniales y no todos tus contrarios son lo peor. Ellos no están preparados para el mundo, y eso se demuestra ahora, al enfrentarte a un mundo mucho más adulto.

Mis seis años de Instituto comenzaron de una manera más o menos buena, pero se fueron destruyendo poco a poco, como un ejército en un ajedrez, comencé a perder mis peones, mis defensas principales, y mis órganos ejecutores principales, torres, caballos y alfiles, caían con la velocidad de un tornado, dejando a la reina y al rey juntos y sin más protección que la interacción entre ellos. Cayendo la reina, el rey quedó al descubierto. Mis defensas mentales fueron perdiéndose por el camino, y este último año, al que a todo se le ha unido una serie de problemas físicos y de salud importantes, no he podido soportar más presión de la que he tenido que soportar.

Ahora, a pesar de todo esto, es mi momento, como diría alguna pseudo-diva televisiva, pero no mi momento de destacar, no, sino de ser yo mismo y disfrutar de las cosas tal y como yo quisiera. Y aunque comience con un poco de miedo, ya hay gente como Aless y Alejandro, a los que conocí el otro día, que de seguro me harán el pase del Instituto a la Universidad mucho más ameno que el, y lo siento, puto Instituto fue durante seis años.

¡Ah! Y esto es lo que le dedico a los señores… ¿merdellones? Del San José... Bueno, y a unos cuantos que van de pijos con pantalones por las rodillas.



viernes, 19 de agosto de 2011

El Ciervo

Hoy me he sentido decepcionado. Hoy me he dado cuenta que no debes poner nunca tu corazón en juego por alguien si no sabes cómo va a responder esa persona por ti, ni si tan siquiera esa persona lo hará. Caes en la cuenta que todo escapa de tu comprensión y que, quizás, las cosas más nimias y sin mayor importancia son aquellas que te hacen darte cuenta si aquello por lo que estás luchando de verdad vale la pena o no.

La carrera del Ciervo

Me levanté aquella mañana dentro de mi saco en La Casa del Árbol y, contemplé, a través del fino reflejo de uno de los cristales de la Gran Casa, la figura de un ciervo de grandes astas que se había quedado dormido en la base del tronco de mi árbol. Bajé con cuidado la escalerilla y contemplé al animal, absorto.

Su testa, adornada por una gran cornamenta, reposaba sobre su lomo plácidamente y su cuerpo subía y bajaba lentamente al ritmo de su respiración lenta y pausada. Me acercé y estiré mis dedos, intentando rozar su cuerpo con mis dedos. Sin embargo, en cuanto toqué su suave piel, el ciervo se puso en pie, como si nunca hubiese estado tumbado, y me miró fijamente durante unos segundos antes de salir corriendo tras el árbol.

Salí detrás de él, intrigado por qué había hecho aquello, aunque los ciervos son por naturaleza miedosos, y crucé, con mis pies descalzos, parte del inmenso jardín hasta que el ciervo se metió en el Bosque. En ese preciso instante, paré sobre el barro en el cual me había metido y me quedé quieto, pensando que, si se había metido en aquel lugar, no merecería la pena seguir tras él.